jueves, 7 de mayo de 2015

Tanto run run salió volando como las mariposas amarillas..

Luego de toda una tarde entre pabellones, empujones, publicidad, libros de Gabo por doquier, la tarde iba llegando a su fin, al igual que mi paciencia... vi unas escaleras en madera donde la gente se paraba a tomarse fotos, y pues mi adicción me llevó a hacerlo... Me sentí grande, viendo  a la gente desde mi posición, la verdad no entendía qué era... Solo quería una foto ahí, como la mayoría de los asistentes a la feria.

 Cuando bajé, me fijé en la estructura, y era la palabra "Macondo", por fin había llegado al famoso Macondo... No hice fila ni nada, solo entré... no soportaba más, la intriga me revolvía las lombricitas del desayuno....
 Creo que mi cara lo dice todo, estaba emocionado...

 ¡Al agua patos! empecé mi recorrido tan animado que me repugnaba...
 ¿Una gallera? pensé que eso estaba prohibido, pero bueno. En ese espacio se hicieron algunos conversatorios interesantes, que llenaron mi cabeza  con una que otra idea, me hicieron ver la obra desde otra perspectiva...

 Luego de hacer fila, pude ver una serie de imágenes, que más allá de ser un reflejo del contenido del libro, eran un reflejo de la realidad histórica que el autor dejó en evidencia a lo largo de"100 años de soledad"
 Hasta el momento, me sentía bien en Macondo, debo admitir que habían cosas geniales, a pesar de la gente logré hacerme un espacio y poder ver lo que en ese pabellón se exponía, aunque nunca supe que era esa cosa que hacía ruido, metí el pico para averiguarlo...

 (Un poco de color entre las sombras) 


  Ya iba terminando mi recorrido, no puedo decir que salí del todo satisfecho, porque no resultó ser lo que esperaba... Obviamente, tenían cosas buenas, cosas que evocaban otras cosas en los espectadores, pero no era lo que se esperaba....

Entré en la última parte del pabellón, me emocioné al ver que decía "la cocina de Úrsula", me imaginaba tantas cosas, menos un restaurante y una librería... Me sentí tan -_-  que ni una foto quise tomar...

 Salí sin mirar atrás, llegué al Transmilenio y tuve la mejor de las suertes, porque pude descansar mis patas...

 
Insatisfecho y pensativo, regresé a mi casa... Tenía las plumitas vacías, las patitas doloridas de tanto caminar, la mente confundida, me sentí engañado... pero ¡quack! fue una tarde, el dinero invertido no fue mucho, conocí algunas personas interesantes, y pude contarles las cosas...
No terminará aquí, pronto tendrán noticias de este pobre pato solitario que no sabe ni quien es...

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